No hay mejor fundamento, filosofía o pensamiento político que el de la libertad. De la libertad depende nuestro proyecto vital y hoy, más que nunca, está amenazada por los colectivismos.

En la España del año 2019, las fuerzas políticas de la izquierda principalmente y determinadas acciones socialdemócratas de la derecha han confundido a la sociedad respecto al liberalismo; se ha prostituido la palabra LIBERAL.

En nuestro país hablamos de liberalismo desde hace poco más de 200 años.  Principalmente desde la constitución de “La Pepa” en 1812, que dio paso al llamado “Trienio liberal”. Tras el periodo de absolutismo de la mano de Fernando VII, el rey Felón.

Según quien os lo cuente, leeréis sobre John Locke, Adam Smith, pero yo os hablaré sobre quien en mi opinión, fueron los verdaderos precursores del liberalismo tal y como lo conocemos en la actualidad. “Los escolásticos de Salamanca”.

Entre teólogos, agustinos, dominicos, franciscanos y jesuitas, desarrollaron diversos escritos sobre la ética moral y económica desde fundamentos tomistas y Aristotélicos.

Los escolásticos laboraban como doctores en Salamanca y Alcalá de Henares. Fueron pioneros en el desarrollo de la teoría cuantitativa del dinero. Explicaron la relación entre la cantidad de dinero en circulación y el nivel de precios (Martín de Azpilicueta). Todo ello, a raíz de las inquietudes de los comerciantes de la época.

Esa fue posiblemente, la mayor aportación a la economía y por ende a la economía liberal de los escolásticos de Salamanca.

Pero lejos quedaron ya aquellos teólogos de la escuela de salamanca, hoy para desgracia de todos, en política se ha prostituido la palabra Liberal:

Liberalismo no es privatizar un servicio público para dárselo a una empresa amiga.

Liberalismo no es subir impuestos para no desmantelar el estado del bienestar.

Liberalismo no es aumentar el gasto público para tener un estado mastodóntico lleno de funcionarios.

Liberalismo no es prohibir expresiones que ofendan a parte de la sociedad.

Liberalismo no es prohibir el libre desarrollo del proyecto vital de cada persona.

Liberalismo no es impedir que una empresa desarrolle su actividad comercial, es decir, cree riqueza con trabas administrativas.

Liberalismo no es desarrollar políticas fiscales confiscatorias.

Liberalismo no es regular con leyes absolutamente todo.

Liberalismo no es beneficiar a una parte de la sociedad con privilegios en detrimento de la otra.

El liberalismo, amigos,  es algo más que economía, es una filosofía basada en la tolerancia, en el respeto por los individuos y la libertad. Definía esa tolerancia y libertad muy bien Evelyn Beatrice Hall, una gran estudiosa de Voltaire,  en una frase: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Pero el liberalismo es algo más que respeto o tolerancia, el liberalismo es responsabilidad. Decía el dramaturgo Bernard Shaw: «La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo”.

En el liberalismo cada individuo es responsable de sus acciones por lo tanto le afectaran directamente las consecuencias de ellas.

El liberalismo busca incesantemente la limitación de poder, que el gobernante, en su posición política, mantenga siempre un poder limitado sobre el individuo.

Y dentro de este ámbito filosófico, económico y político, contamos con un extenso abanico de corrientes liberales, como son: El liberalismo clásico, el libertarianismo o minarquismo, el liberal-conservadurismo,  el anarco capitalismo y el socio-liberalismo.

Entre estas corrientes existen diferencias como son: el poder que se le otorga al estado y al gobierno. O la moral, en ocasiones dos derechos naturales entran en contradicción. Por ejemplo, la libertaria Gloria Álvarez antepone la libertad de una madre para abortar al propio derecho a la vida del nasciturus.

Existe cercanía entre los Libertarios y anarcocapitalistas dado que los dos exigen ausencia de estado, pero en el caso de los libertarios, aceptan la defensa y justicia como única forma de estado.

En el caso del socio-liberalismo, incluso, defienden el estado del bienestar con servicios públicos como la sanidad y la educación. En esta corriente meteré a los principales partidos de la llamada “derecha española”. Cercano también al liberal conservadurismo, donde pudiéramos contar como principales referentes en política en los últimos años a Margaret Thatcher, Ronald Reagan o el propio José María Aznar.

En cualquier caso, la defensa de los derechos naturales del ser humano es compartida, salvo excepciones, por todos ellos: el derecho a la libertad, el derecho a la vida y el derecho a la propiedad privada.

Los liberales tenemos más puntos en común que en contra, y sobre todo tenemos algo que debe unirnos más aún, el enemigo común, que por ende, es aquel enemigo de la libertad.

El colectivismo, el socialismo o el comunismo.

La única manera de luchar contra este enemigo es a través de la libertad.

Como dice mi amigo Samuel Vázquez (Una policía para el siglo XXI), alguien  que defiende los principios liberales de igual manera que yo.

“SAL DEL REBAÑO, HAZTE LIBERAL”

Alberto Pérez Boix
Vicepresidente de Acción Liberal

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