Esta semana hemos conocido una noticia extremadamente alarmante y que parece que a la gente o le ha dado un poco igual o simplemente no se ha parado a pensar las implicaciones reales que pueda llegar a tener.

Me refiero a la noticia de que el Instituto Nacional de Estadística va a pagar 500.000€ a las operadoras telefónicas para rastrear nuestros dispositivos móviles durante 8 días y conocer, en principio de manera confidencial, nuestros hábitos de conducta en nuestros desplazamientos al ir a trabajar, al ir de vacaciones, irnos de compras, o irnos de copas…

Muchos sabrán que el Big data o la ciencia de los grandes datos, cada vez se utiliza más por las empresas para descubrir nuevas tendencias. Para quien no conozca el término, se trata de obtener información de muchas fuentes ‘anónimas’, no para conocer qué hace alguien en concreto, si no para ver, con esa gran cantidad de datos agregados, cómo es el comportamiento de la gente de una zona para luego ofrecerles productos o servicios en base a sus necesidades. Estadística 3.0.

Yo soy el primero que cuando me instalo una aplicación o me registro en alguna página web, no paro a leerme toda la letra pequeña sobre lo que estoy llegando a ceder de mi privacidad y en qué pueden ser utilizados mis datos. Sinceramente asumo que, si un servicio es gratuito, la fuente de ingresos soy yo. No hay problema, lo acepto.

Otra cosa bien distinta es que sea el Gobierno a través del INE el que muestre interés por este tipo de datos, porque en primer lugar no soy muy optimista con el uso que puedan dar a esa información, en segundo lugar sospecho que el grado de confidencialidad cada vez pueda ser menor y tercero porque un Gobierno no es una empresa privada y no quiero que se disponga de 500.000€ de dinero público, dinero de todos, para un estudio del que no tengo para nada claro su objetivo y finalidad.

Me pueden decir que soy un poco paranoico y fan de la teoría de la conspiración, pero hemos tenido otros casos bastante recientes en los que una empresa como Cambridge Analytica, comercializó datos obtenidos de Facebook para influir en el voto de 50 millones de americanos en las pasadas elecciones en las que resultó elegido Trump.

Todo esto me genera muchas sospechas por cómo la política pretende inmiscuirse siempre en todo, por lo politizado que se están convirtiendo organizaciones como el Centro de Investigaciones Sociológicas y porque detrás de siglas como INE, hay gente que trabaja de manera honrada y metódica pero donde sus jefes de turno, igual no son tan honorables.

Háganse un favor y cada vez que un gobierno quiera saber más de los ciudadanos sobre sus hábitos y conductas, sospechen y pónganse en lo peor.

Juan Pablo García Valadés
Secretario de Acción Liberal

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