Lamento amargarles el tiempo de adviento, pero estoy tremendamente preocupado por la situación política y social en España, la irresponsabilidad de nuestros dirigentes y la deriva que está tomando nuestra joven democracia.

A cualquiera que haya tenido un acercamiento tímido a la historia, aun habiendo padecido la Logse, le sonarán los primeros compases de esta canción y cómo, cuando llega la melodía al estribillo, no hay quien lo arregle por las buenas. No aprendemos.

En estos momentos estamos presenciando un teatrillo, un sainete, en el que los tertulianos ocupan su tiempo con predicciones de si habrá o no gobierno, de si el PSOE cederá más o menos a los nacionalistas y a los comunistas y de si el centro derecha se unirá o no.

Es toda una farsa, háganme caso. El acuerdo está más que cerrado y ahora nos están aplicando la lubricación para que luego, no nos duela tanto.

Salvo que alguno de los actores se pase sobreactuando, habrá un gobierno de coalición con comunistas bolivarianos en el Consejo de Ministros y el apoyo de los nacionalistas, al más estilo del nefasto Frente Popular.

Alguno ya dice que, llegados a este punto, es lo mejor para España para que ese engendro de gobierno se enfrente a sus contradicciones y sus incompetencias y dentro de año y medio, volvamos a votar con más conocimiento de causa.

No se engañen. El que previsiblemente veremos de vicepresidente del Gobierno, fue uno de los que diseñaron la hoja de ruta del desastre venezolano y aquí van a tomar el mismo camino que me voy a atrever a intentar adivinar. Escrito queda.

Habrá gobierno, salvo sorpresa mayúscula, con ministros comunistas con carteras donde puedan adoctrinar y tras la euforia inicial del aquelarre, la cosa empezará a ir empeorando poco a poco. Casi sin darnos cuenta, nos habrán incrementado los impuestos, restringido las libertades individuales y duplicado las normas a cumplir, desde los patinetes eléctricos al grado de ecologistas que somos.

Como la economía es obstinada y no perdona las tonterías, las cuentas se deteriorarán rápidamente, pero lejos de asumir responsabilidades, desde un ministerio de propaganda buscarán un enemigo imaginario, ya sea Trump, Google, los bancos o la raza carea, al mismo tiempo que nos sorprenderán con alguna medida populista como la creación de un banco ‘bueno’ público o algo así y como somos ingenuos, muchos se lo creerán y les apoyarán más y más.

Cada vez seremos más pobres y menos libres, odiaremos con más fuerza a ese enemigo imaginario y adoraremos a unos líderes que vivirán en grandes mansiones mientras nosotros haremos 3 horas de cola para comprar dos rollos de papel higiénico.

Igual todo esto les parece exagerado, pero miren hacia Venezuela y no piensen que eso está tan lejos como creen.

Juan Pablo García Valadés
Socio fundador de Acción Liberal

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