Desde aquella caída del caballo no se recordaba otro cambio de parecer tan espectacular hasta la actual conversión de nuestro político Pablo Iglesias.

Nacido en el seno de una familia que hizo de la reivindicación marxista su fe, criado por la teta del Estado en el seno de la Universidad Pública, en la cual encontró trabajo como profesor adjunto que no vocación. Fundó junto a sus amigos de ideología el partido Podemos, fruto de sus experiencias en repúblicas ahora caídas en desgracia en Hispano América.

Tras la Anunciación del partido, vinieron las tablas de la ley con sus correspondientes mandamientos: NO al Euro, NO a Europa, No a los bancos, NO al PP y al PSOE, en definitiva NO a la casta.

Tras la proclamación llegó rápidamente el ascenso al poder, “asaltar los cielos” lo llamaron ellos. Fue una gran Epifanía, en lo profesional se pasó a una teta más grande, también del Estado, en lo personal Pablo encontró el amor fraternal y terrenal. Poco más tarde llegó la traición al cónclave más íntimo, uno a uno sus compañeros durante el camino fueron siendo apartados en un interminable cisma. Tras esto la tentación material sacó de la morada de un barrio humilde a nuestro Pablo.

Tras un corto periplo en el que el número de fieles (votantes) descendió a la par que salían del seno sus íntimos, se produjo la conversión.

El otrora enemigo ahora era aliado, y el rey que no era de este mundo se convirtió en fiel escudero de los que estaban corruptos con las manos manchadas de cal viva. ¿El precio? Más poder, un poder soñado y ahora alcanzable.

Caído ya del caballo y con los pies en la tierra, si pudiéramos mirar en el fondo de su alma ¿no veríamos que la conversión siempre estuvo allí?

Daniel León
Acción Liberal

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