Foto: Moncloa

Llevamos años asistiendo a una política que cada día es más difícil de creer. Políticos que nunca han trabajado fuera de su partido, promesas electorales que se rompen a las pocas horas de los resultados, una pésima gestión más centrada en el electoralismo que en la eficiencia, en definitiva, una clase política mediocre.

Aparte de todos los escándalos y medidas equivocadas tomados estos primeros días de Gobierno, hay algo que llama la atención: la reunión de Torra y Pedro Sánchez programada para el 6 de Febrero.

En la anterior reunión del 2018, Torra le dio a nuestro Presidente una carta con 21 puntos entre los que estaba «reconocer y hacer efectivo el derecho a la autodeterminación del pueblo de Cataluña», y pedía una «mediación internacional que ha de facilitar una negociación en igualdad».

Esta vez la reunión es más esperpéntica, Torra no es Presidente de la Generalidad, ERC y Jxcat forman dos frentes enfrentados que lo deslegitiman todavía mas como representante de un supuesto bloque independentista. A este cóctel explosivo hay que añadir que dentro de un mes Artur Mas deja de estar inhabilitado, iniciando así una lucha de poder con el cuarto actor en esta pugna que es Puigdemont. Eso sin contar a que la CUP forma parte de este bloque en disolución y que siempre ha ido de verso libre.

Los asuntos a tratar no servirán de nada si son contrarios a la Constitución, aparte de que el previsible cambio de poder en Cataluña puede hacer repetir la reunión.

Pero imaginemos que los asuntos tratados son llevados al Parlamento para modificar la Constitución, Sánchez apenas tiene apoyos para mantenerse en el poder, mucho menos para cambiar la Carta Magna.

Si la reunión es para hacer una mesa de partidos tampoco va a servir de nada lo que se decida puesto que el poder está en el Parlamento.
En resumidas cuentas, esta reunión es otro gesto inútil más, enfocado a las futuras elecciones en las que unos pocos se juegan mucho. No nos resta más que asistir al esperpento de dos líderes políticos mediocres haciendo un papel inútil, un diálogo que no va a ninguna parte en un proceso que tampoco va a ninguna parte.

Daniel León
Socio de Acción Liberal

Compartir en redes: