En España estamos pasando por la peor crisis económica de los últimos  80 años, viviendo de prestado de lo que los estados más eficientes del norte de Europa producen. A pesar de eso, la inflación, la crisis económica y el riesgo a rebrotes de la pandemia siguen amenazando esta calma.

Mientras tanto nuestra carísima estirpe política sigue enfrascada en las batallas más inútiles con nuestro dinero.

Ahora ha tocado de nuevo el tema de la lengua, para aprobar los presupuestos, y que ERC siga manteniendo la falsa pose de enfrentamiento con el gobierno actual, la batalla se ha trasladado a la lengua, Viejo caballo de batalla del manual de nacionalismo del Siglo XIX. A tortas ahora por una supuesta cuota en las plataformas digitales, parece ser que tras varias discusiones han acordado algo imposible: ponerle puertas al campo.

Ponerle cuotas lingüísticas a las plataformas digitales es el reciente delirio de un nacionalismo que ha perdido la batalla hace décadas. Se pone de manifiesto que nuestros políticos pasan horas discutiendo por cosas imposibles y que tienen una desconexión con la sociedad de la que viven.

Sobre la imposibilidad de obligar a las plataformas a crear contenido en otras lenguas ya se ha escrito mucho. De lo que no se ha hablado tanto es de cómo la lengua mayoritaria en internet en toda España es el español. Los más afamados youtubers catalanes utilizan la lengua castellana para poder comunicarse de forma más eficiente con los cientos de millones de usuarios de las redes que hay en el mundo. Y así lo atestiguan los contenidos de Jordi Wild, Auronplay, 8cho, etc…. ¿Hubieran triunfado usando una lengua hablada solo por una minoría de la población? Sabemos que no.

La lengua es un instrumento más que usamos los seres humanos para comunicarnos y la lengua española es a día de hoy mucho más eficaz. En el siglo pasado era más fácil para los políticos adoctrinar usando como chantaje las licencias de radio, tv o subvencionando periódicos. Ahora, para los más jóvenes, los medios de comunicación tradicionales no son mayoritarios y las plataformas digitales se imponen.

Esta nueva realidad no hará que nuestros políticos cambien el rumbo de sus desvaríos, no pueden demostrar a la población que en realidad no pintan nada. Al fin y al cabo ¿qué pueden perder? Aparte de nuestro dinero claro.

 

Danilos

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