Hasta hace unos meses, el riesgo geopolítico era un murmullo lejano, algo superado y propio del pasado, que no formaba parte de ningún análisis económico. Sin embargo, la situación desde principios de año ha empeorado a un ritmo vertiginoso, hasta el punto de que Rusia ya ha invadido Ucrania y se ha desatado una guerra. Esta situación ya llevaba meses haciendo estragos en los mercados de forma oficiosa, aunque desde el día de ayer ya es también oficial. La gran pregunta ahora es: ¿Qué podemos esperar de ella desde el punto de vista económico?

Rusia es una de las principales potencias mundiales, aunque su peso sobre el PIB global es limitado: 1,7% si lo medimos en dólares, y algo menos del 3% si lo evaluamos en paridad de poder adquisitivo (esto es, homogeneizando el efecto de las diferencias de precios y de tipos de cambio). A pesar de que siempre es difícil predecir los resultados de un conflicto armado, no parece que el impacto directo vaya a ser relevante. Según el Organización Mundial del Comercio, Rusia es el decimosexto exportador y el vigesimoprimer importador del mundo.

Rusia es un país muy dependiente del sector exterior, que supone el 46% del PIB según el Banco Mundial. Esto, sin embargo, no significa que haya iniciado una guerra suicida: Su principal socio comercial es China, que supone casi el 15% de las exportaciones y el 24% de las importaciones. Por todos es sabido que con carácter previo al conflicto bélico Rusia ha fortalecido sus relaciones con China y se ha asegurado el suministro de bienes de carácter estratégico, muy especialmente del sector tecnológico e industrial, ante la más que evidente cadena de sanciones económicas a las que era previsible que fuera sometido.

Además, analizando sus últimos movimientos con un poco de perspectiva, cabría interpretar que lleva años preparándose para esta situación. Según un análisis realizado por el CFR (Council on Foreign Relations, por sus siglas en inglés), la apuesta rusa por las energías fósiles ha supuesto un almacén de recursos que ahora les colocan en una situación privilegiada. Las energías fósiles suponen el 14% del PIB y más del 40% de sus ingresos públicos. Rusia ha usado estos recursos para acumular superávits y reservas en moneda extranjera por valor de 630.000 millones de dólares. Esto le permitiría, según este Think Tank, soportar mejor las sanciones económicas impuestas a nivel internacional.

¿Y Europa? No parece que haya un impacto muy elevado a nivel agregado, aunque sí que debemos tener en cuenta la situación concreta de dos economías.

La primera es Ucrania, un país asolado por la inestabilidad geopolítica y que quiere adherirse a la Unión Europea y a la OTAN precisamente para protegerse del yugo ruso y de las consecuencias económicas y sociales que eso supone.  La consultora Cebr estima que la situación de conflicto que mantiene Ucrania con Rusia desde 2013 (recordemos el capítulo de Crimea  y Dombas) ya ha supuesto un impacto de 280.000 millones de dólares, o un 20% de su PIB, durante el período 2014-2020. Imaginen lo que puede suponer una invasión total y una situación de conflicto bélico abierto, en el que, además, participarán las fuerzas armadas de la OTAN. Las consecuencias son imprevisibles, aunque en todos los escenarios muy negativas.

La segunda economía que debemos tener en cuenta es Alemania. Dentro del limitado impacto directo que va a tener este conflicto en Europa, Alemania es el país más afectado. El país teutón exporta unos 30.000 millones de dólares a Rusia, lo que supone un 2% de sus exportaciones totales. Una cifra que parece ridícula, pero que supone un problema añadido para una economía que ya registró una caída del PIB en el último trimestre de 2021 y sobre la que ya pesa una seria advertencia acerca de una probable vuelta a la recesión económica en el primer trimestre de este año.

Alemania es el único país cuya reacción puede tener algún impacto sobre la economía rusa, pues supone el 5,5% de sus exportaciones y el 10% de sus importaciones. Ahora bien, Alemania es el más afectado de una congelación de las relaciones comerciales con Rusia: El superávit comercial alemán con Rusia en 2019 (situación pre-crisis Covid19) fue de 11.000 millones de dólares.

¿Significa lo anterior que no va a haber impacto de esta guerra más allá de los dos países citado? No. Ni mucho menos. Hay un impacto muy severo y muy importante, aunque indirecto.

Como ya hemos dicho, la principal aportación de Rusia a la economía global son combustibles fósiles. Tanto es así que le 40% del gas natural y el 25% del petróleo europeo viene de Rusia. Este país también es uno de los mayores productores de alimentos. Por ejemplo, es el primer productor de trigo del mundo. Junto con Ucrania, supone el 25% de las exportaciones mundiales de este producto.

Nos enfrentamos, por lo tanto, a una situación de carestía de productos de primera necesidad, y muy especialmente de alimentos y bienes energéticos. Como consecuencia de lo anterior, el precio de estos productos es previsible que suba en los próximos meses. Lo mismo ocurrirá con el petróleo, que ya ha superado la barrera psicológica de los 100 dólares y analistas como JP Morgan lo sitúa en el entorno de los 120 dólares por barril.

O, dicho de otra manera, el impacto indirecto más importante de este conflicto bélico se va a producir por la vía de la subida de precios, provocando una inflación aún más elevada y persistente.

También debemos esperar un agravamiento de la crisis de suministros que vive la economía global (muy especialmente los países desarrollados) como consecuencia de la ruptura de las cadenas globales que produjo la crisis del Covid19. Debemos recordar que Rusia supone el 45,6% de las exportaciones globales de paladio, el 15% de platino y el 4% de aluminio, por ejemplo. La virulencia de este efecto dependerá de la reacción de China ante las sanciones impuestas a Rusia, pero será, en cualquier caso, un elemento de presión a la baja para las expectativas de crecimiento económico a nivel global.

Y, por último, no debemos obviar los efectos que este conflicto puede tener sobre los mercados financieros internacionales. El riesgo geopolítico siempre implica volatilidad y polariza la evolución de los mercados de renta variable y la de los activos refugio (oro, renta fija, etc.). Además, la exposición de la banca a Rusia también juega en contra, y la evolución bursátil de la banca europea deja entrever que son los más potencialmente perjudicados. Sin embargo, el catalizador más importante será el inflacionista. Según Capital Economics, la crisis ucraniana puede añadir 1,5 puntos a la inflación europea este año, lo cual tiene una especial relevancia sobre los escenarios que se abren ante los bancos centrales.

¿Considerarán el BCE y la FED que este repunte adicional de la inflación es (de nuevo) transitorio y, por lo tanto, no variarán su hoja de ruta? ¿O, por el contrario, será un acicate para ser más agresivos en la retirada de estímulos y la normalización monetaria para contener una inflación que está rompiendo registros históricos y no da ningún síntoma de cambio de tendencia?

En resumen: Las sanciones económicas van a tener un impacto muy limitado sobre Rusia, el conflicto tiene un claro tinte geopolítico y, salvo algunos países concretos, la consecuencia más importante en materia económica es un riesgo de estanflación (estancamiento económico e inflación elevada) que aumenta exponencialmente.

El riesgo geopolítico era el único elemento que le faltaba a la economía internacional para adentrarse en un escenario de final imprevisible. Ahora, además de las mayores burbujas de la historia, una evolución económica débil y una inestabilidad financiera creciente, tenemos un conflicto bélico de extensión desconocida que será un claro acelerador de los procesos económicos y financieros que veníamos advirtiendo en los últimos meses. Prepárense para una revisión de previsiones a la baja. Y, sobre todo, para una explosión de desequilibrios en muchos países considerados estratégicos. ¿Recuerdan el too big to fail? La pregunta ya no es si lo volveremos a oír, sino cuándo.

Daniel Rodríguez Asensio
Consultor Estratégico y Presidente de Acción Liberal Think Tank For Freedom
Artículo aparecido en el diario Expansión el 24/02/2022: https://www.expansion.com/economia/politica/2022/02/24/6217ddc1468aeb9c2f8b4577.html

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