Las historias de amor duran lo que duran. Que se lo digan a Podemos. Tras el estallido de la anterior crisis y la evidente pérdida sufrida por la población española, el descontento era general.
De los movimientos apolíticos que acamparon y camparon por toda España sólo unos politólogos, con amplia experiencia por Hispanoamérica, capitalizaron con éxito ese descontento. Convirtieron a la clase política en objeto de odio, la culpa era de ellos. La historia a vender era que el pueblo español había sido engañado por una casta y unos medios de comunicación al servicio de poderes económicos.
Solo este pequeño grupo de políticos nuevos era lo suficientemente puro para luchar contra los enemigos del pueblo.
Y así la izquierda (extrema) consiguió salir de su indefinición, añadía un nuevo espacio de lucha al feminismo, ecologismo, y la lucha contra la riqueza de los ajenos.
Años después las últimas votaciones atestiguan que este movimiento está llegando a su fin. Los viajes a Venezuela a comer arepas se han transformado en viajes a Manhattan a degustar sushi, de la misma forma que las mansiones en la sierra norte de Madrid han sustituido a los pequeños apartamentos en Vallecas.
El final de esta historia es que la parte buena solo la han podido vivir unos pocos.
Los neocon durante años miraron con envidia como Podemos ganaba poder con un marketing agresivo y mucho odio, odio de clase.
¿Por qué no nosotros? Se preguntaban.
Y decidieron escribir la misma historia pero con diferentes protagonistas, como esos culebrones también venezolanos, otra historia de amor.
Copiando muchos de los clichés que la izquierda clásica agitó durante casi un siglo. Ahora los malos son los “globalistas” y, claro, los políticos actuales sirven a este movimiento. Son Intereses económicos dedicados a beneficiar a unos pocos y empobrecer al resto. Mezclando conspiraciones mundiales, virus criminales, invasiones justificadas, menas y todo lo que pueda meterse en este crisol se construye un relato, otra historia.
¿Quienes son los salvadores?
De nuevo un pequeño grupo de políticos puros de corazón. Será porque se ha vendido peor, o porque no han caído en Gracia o porque han llegado tarde pero Vox va por el mismo camino de Podemos.
Una historia de amor dura lo que dura, y duran todavía menos cuando más que historia son un cuento.
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