En China han conseguido que un embrión de cerdo desarrolle en su interior un órgano humano. El equipo científico que ha logrado tal hazaña dispone de un científico español en su equipo. Nosotros en España estamos a otra cosa, ahora el Gobierno en lugar de gobernar va a realizar otro experimento más. Todo el equipo jurídico, el de comunicación y el “diplomático” se han reunido para colocar un órgano de amnistía en el interior del cuerpo de la sociedad española. Por ahora el experimento tiene pocas posibilidades de éxito debido a que el organismo receptor no acepta el cuerpo por extraño y dañino.

El sistema inmunológico compuesto por el poder judicial junto a una gran parte de la población y de los medios de comunicación está produciendo los anticuerpos necesarios ante tal invasión. Anteriormente este sistema defensivo contaba con la ética política como arma pero esa parte se perdió hace ya mucho tiempo y el conjunto se ha hecho más débil. Un procedimiento de este tipo implica que el poder ejecutivo deshaga lo hilado por el judicial que es como cuando Penélope hilaba de día y descosía de noche.

El procedimiento experimental ya ha podido disfrutar de una fase de prueba y error en la que se implantó un órgano indultador en el mismo cuerpo. Aunque al principio el comité de ética se resistía, la facilidad de la operación y el éxito evidente acallaron e hicieron olvidar cualquier crítica. Y es que en un cuerpo tan deteriorado como el español tras mas de 40 años de tratamientos experimentales la resistencia ha disminuido. Y así, otras operaciones recientes de este gobierno, como la extirpación de millones de parados de las listas del paro o el propio autorremiendo con distintos partidos auguran que se emplearán a fondo.

Tenemos dos grandes escuelas de cirujanos que se encargan cada pocos años en ir amputando miembros sanos e ir sustituyendo estos por otros ya parasitados. Estos carniceros se turnan en su tarea y lo que antes fue un cuerpo joven y lozano hoy luce remendado e irreconocible.

Nada garantiza más el esfuerzo que un cirujano sin escrúpulos frente a un cuerpo que nunca dejó de ser un embrión de un estado democrático.

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