El reciente capítulo en el que el Gobierno en funciones ha señalado al expresidente Aznar, tildándolo de “golpista” por simplemente convocar una manifestación democrática, mientras, el mismo Gobierno elogia a Puigdemont, un hombre que meses atrás prometió traer a España encadenado.

Las incoherencias no terminan allí. La administración actual, bajo una bandera progresista, promulgó una ley que ha liberado a decenas de criminales, mientras el sector neoconservador, que históricamente promete combatir la inmigración ilegal, no ha podido presentar soluciones concretas, véase Meloni en Italia. Parece que las promesas de campaña se disuelven tan rápidamente como los bajos impuestos que se prometen.

Ante este escenario, uno se pregunta: ¿dónde está el discernimiento del electorado español? Es curioso cómo, en ciertos contextos, los mismos ciudadanos que denuncian la corrupción se sienten atraídos por aquellos que quebrantan la ley. ¿Acaso no es paradójico que mientras algunos delincuentes, como el ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, sean celebrados, otros, como Luis Roldán, sean vilipendiados por delitos similares?

Aquí es donde propongo el «Efecto Barrabás», un fenómeno que he teorizado a raíz de estos patrones. Es un término que hace referencia a la dualidad del electorado a la hora de juzgar a infractores. Dependiendo de cómo se presente al infractor, los ciudadanos pueden elevarlo a la categoría de héroe o condenarlo con fervor.

Históricamente, nuestra nación ha demostrado una tendencia a abrazar a aquellos que rompen las reglas, siempre y cuando la narrativa que los rodea sea la adecuada. Es esta misma mentalidad la que se volcó en apoyo a Juana Rivas y que ha mostrado ambivalencia hacia grupos tanto terroristas como independentistas, mientras se respalda a partidos plagados de escándalos de corrupción.

Finalmente, debemos reflexionar y reconocer que la responsabilidad de los políticos que ocupan nuestros despachos no recae solamente en ellos. Son, en última instancia, un reflejo de las decisiones del electorado. Es hora de asumir nuestra responsabilidad y exigir mejores estándares, tanto para nosotros como para nuestros líderes. En este panorama, yo propondría que, si vamos a otorgar amnistías, estas sean dictadas con criterio y no con parcialidad.

Es decir, que Barrabás sea Aznar y no Puigdemont.

 

Fdo. Danilos

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