Hace no tanto tiempo, Agosto del 2020, Pablo Casado decidió dar un volantazo y dejar de ser liberal para volver al Sorallismo (perdón, a la socialdemocracia). Para ello se sacudió a Cayetana que pasó de favorita a ser un problema y se planteó echar también a Isabel Ayuso. En aquella época a la Presidenta de Madrid le caían las críticas por todos lados, desde los medios de comunicación, de otros presidentes de comunidad e incluso desde su propio partido.

Poco antes, desde Galicia, Alberto Nuñez Feijoó había iluminado el camino con su reciente victoria electoral. Los vientos de futuro le susurraban a Pablo que si imitaba al gallego podría acariciar el poder. Luego vino la fallida moción de censura de Abascal en la que la oposición a la misma de Casado conseguía un único editorial laudatorio de El País, todos se rendían ante su rechazo a Vox. Veinticuatro horas después todo volvía a donde estaba y Pablo seguía siendo un “aliado de la extrema derecha”.

Ayuso, mientras tanto y sin poder ser la presidenta del PP de Madrid, seguía haciendo su oposición tanto dentro como fuera del partido. Un verso libre que ya tenía fecha de caducidad. Sin embargo, los números avalaban la gestión y al mismo tiempo afeaban la de otro barones más cercanos al trono.

Y entonces apareció lo que nadie se esperaba, Sánchez y Redondo con la ayuda de Cs intentaron un golpe. Ayuso reaccionó rápido y convocó elecciones, en un partido en el que todo se consensúa con asesores que solo saben mirar al Psoe, volvía la presidenta a salirse de la línea. Ya sabemos como terminó en Murcia, y también sabemos ahora como terminó en Madrid.

Sobre la victoria de Ayuso en Madrid ya se ha escrito todo lo que se podía, el hecho es que desde Castilla Leon a Andalucía (sin pasar por Galicia) un nuevo mantra se aprendía, memorizaba y repetía: «la clave ahora es otra». De nuevo bandazo.

Y es que al final, si sales del Psoe State of Mind, el camino a la victoria siempre está donde esté la libertad.

Danilos

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